Dios, nuestra prioridad
Dios, nuestra prioridad
1. Cristo debe ocupar el primer lugar.
Jesucristo no es simplemente una parte importante de nuestra vida: Él es nuestra máxima prioridad. Colosenses 1:15-18 muestra que Cristo está por encima de todo y que en todo debe tener la preeminencia. Por eso, antes que cualquier otra cosa, debemos buscar el Reino de Dios, amar a Dios con todo nuestro ser y seguir a Cristo por encima de nuestros propios planes.
2. Seguir a Cristo requiere tiempo.
Nuestra vida puede estar llena de responsabilidades, pero Jesús enseñó a Marta que hay “una sola cosa necesaria” (Lucas 10:42): estar a sus pies y escucharle. No se trata solamente de encontrar tiempo, sino de darle a Dios un lugar prioritario en nuestro tiempo.
La Biblia muestra repetidamente a hombres y mujeres de Dios buscando momentos para orar, meditar en su Palabra y comunicarse con Él. Así como necesitamos alimento físico diariamente, también necesitamos alimentarnos espiritualmente de la Palabra de Dios (Mateo 4:4).
3. Las prioridades bíblicas producen equilibrio.
Dios también establece un orden para nuestras responsabilidades: primero nuestra relación con Él; luego nuestras relaciones familiares, nuestro trabajo o estudios y nuestro servicio o ministerio. Cuando invertimos el orden, podemos dedicar muchísimo esfuerzo a nuestra vida y aun así experimentar desorden.
Por eso debemos preguntarnos: ¿Estoy dedicando mi tiempo y energía de acuerdo con las prioridades de Dios?
❤️ Idea central de toda la enseñanza
Cuando Dios ocupa el primer lugar, las demás áreas de nuestra vida pueden encontrar su lugar correcto.
No significa descuidar la familia, el trabajo o el ministerio para dedicarnos exclusivamente a las actividades espirituales. Significa que nuestra relación con Cristo gobierna y ordena todo lo demás.
📌 En una frase para recordar
Dios no quiere ser una prioridad más entre muchas; quiere ser la prioridad que ordena todas las demás.
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