¿Quien era mi esposo?



La vida es algo que no podemos comprar y Dios en su soberanía sabe cuándo nos va a llevar de este mundo. Es por eso que debemos vivir cada día como si fuera el último, de la mejor manera que podamos, dando lo mejor de nosotros, amarnos como Dios quiere que lo hagamos. 

Hace varios años que mi esposo falleció a causa de un padecimiento en el corazón, sabía que un día le iba a tocar partir de este mundo, porque creemos que hay vida más allá de la muerte y hay dos lugares donde podemos llegar dependiendo de la elección que hagamos aquí; El cielo o el infierno. 
Cada día vivíamos como si fuera el último, nos molestábamos el uno al otro por pequeñas cosas, motivadas por la diferencia de carácter, personalidades distintas, cosmovisiones diferentes, sin embargo, volvíamos después de cada lucha a pedirnos perdón. Hubo algunas veces que antes de salir de viaje me pedía perdón porque pensaba que tal vez después no habría tiempo ni oportunidad de hacerlo, él quería que yo lo perdonara para irse tranquilo a realizar sus actividades.

Marcelino era Gerente en el área de Testimonio Cristiano en Visión Mundial, debía viajar a supervisar  su trabajo en diferentes lugares. La gente lo apreciaba mucho, era un hombre que sabía ganarse el corazón de las personas. Amaba a Dios y tenía muchos deseos de ayudar a las personas a mejorar. Vivía pensando y soñando en grandes proyectos para el desarrollo y educación.

En su trabajo era un hombre de empuje, valiente, buscaba la forma de mejorar sugiriendo cambio de  normas y leyes en beneficio de los trabajadores como parte de esa organización. En el barrio, era un hombre conocido por su amabilidad, carisma y sonrisa alegre, la mayoria de personas que lo conoció  buscaron sus concejos por su madurez como pastor y hombre de bien.

Ese era mi esposo que ahora está en la presencia del Señor, estoy segura porque él era un siervo de Dios, conocía y servía profundamente. Un día decidió vivir por él y para él hasta que Dios lo llamó a su presencia.

Espero esta reflexión le ayuda a buscar a ese Dios de amor que nos busca aunque nosotros no lo hagamos, nos ama tanto que dio su vida por nostros (Juan 3:16). Acéptelo como su salvador personal, Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres.  

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