En los zapatos del Pastor



Durante el corto tiempo de trabajo como pastora interina en la Iglesia "El Buen Samaritano" ubicada en  Él Carmen de Iténez, pude aprender muchas cosas en mi rol de pastora. La experiencia principala que me brindó esta oportunidad, fue conocer y vivir en carne propia los sinsabores y amarguras que vive un Pastor evangélico liderando una iglesia. Pero también puedo notar que no hay mayor honra que ser un siervo de Dios. 

Un Pastor es una persona entregada a ayudar a otros a levantar sus vidas, llevarlos al arrepentimiento y perdón de sus pecados, hacia el conocimiento de la voluntad de Dios y la entrega total al servicio en el reino de Dios. El encargo de pastorear nos abre puertas increíbles, para confrontar el pecado, reconciliar a los que estan perdidos con el Dios amoroso. Administrar el trabajo en la Iglesia guiándoles hacia los propósitos de Dios. 

Durante los cinco meses que estuve trabajando alli (febrero a junio del año 2015), noté que así como Moisés sufrió por el pueblo de Israel en varias ocasiones por la dureza de sus corazones, así también el pastor llora por su iglesia. Las personas que trabajan a nuestro lado, muchas veces no han tenido la oportunidad de tener un crecimiento sólido e integro en la vida cristiana y notamos falencias en la forma de desarrollar sus roles en el liderazgo de la iglesia. Muchos han tomado con liviandad los cargos, tan solo para presumir que son líderes, pero no tienen ningún compromiso con el engrandecimiento del Reino de Dios.

Hay otros que piensan que la manera de ganar méritos delante de Dios y de los hombres es haciendo obras. Sin embargo, a la luz de la Palabra aprendemos que lo más importante es la actitud de obediencia que demuestra un hombre o mujer que sirve al Señor. La obediencia es mejor que los sacrificios, 1 Samuel 15:22 "Es mejor obedecer a Dios antes que los sacrificios, mejor es prestar atención que ofrecerle la grasa de los carneros...". Ser humildes y aceptar la voluntad de Dios en nuestras vidas, es lo que honra y glorifica el nombre de Dios. Él es el único que se merece toda nuestra honra y gloria.

Como pastores, muchas veces nos dejamos llevar por nuestras emociones, cuando menos pensamos ya tenemos en la cabeza el deseo de salir de la iglesia y huir de nuestra responsabilidad. A veces estas emociones son tan fuertes, pero Dios nos hace sentir su presencia apoyándonos (aunque todos los demás estén en nuestra contra), si nuestra posición para realizar el orden y el cambio es para beneficio de los creyentes en Cristo Jesús.

Dios es nuestro amparo, nuestra fortaleza, nuestro pronto auxilio y cuanto más dependemos de Él, nos lleva hacia lugares de reposo y descanso, Salmos 23. En resumen los sentimientos de un verdadero Pastor de una iglesia, son momentáneos e inestables, pero Dios es fiel para ayudarnos en las determinaciones que tomamos para servirle. Estimado Pastor que está desanimado, no dependa de sus emociones para desistir, sino con más ahínco y entrega, realice con gozo el don que Dios le dió. El puso en sus manos una enorme responsabilidad, Él no nos dejará solos, sino que siempre estará con nosotros dondequiera que vayamos. Josué 1:8 ¡Gloria sea a Dios!, ¡Bendito sea su nombre!

Autora Erika Merubia

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