El día que conocí a mi padre

Fue en el año 1985 casi a mediados de junio, cuando mi madre me envió a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra a buscar a mi padre. Era algo totalmente fuera de lo normal pero ese día tuve que asumir una responsabilidad que no era mía como si lo fuera, ese era el rol de mi madre, pero ella no podía viajar porque estaba enferma, por esa razón me envió a mí. Hicimos lo que pudimos para comprar un pasaje en avión desde un departamento a otro donde sabía que vivía mi padre.

No conocía la ciudad donde estaba yendo, tenía como 14 años de edad, pero Dios me guio hasta la casa de la amiga de mi madre. Llevaba conmigo una carta escrita por mi madre dirigida a su amiga, la cual me guiaría hasta donde estaba mi padre, en la carta que mi madre me hizo escribir le pedía a su amiga que me diera hospedaje y me ayudara a buscar a mi padre. De esa manera estaba esperándome y no fue tan de sorpresa mi llegada.

Después del alborozo de los saludos, la señora se animó a contarme la cruda realidad. Ella me dijo que mi padre estaba encerrado en prisión. y me preguntó si aun así yo quería ir a verlo. El motivo de mi viaje, era hablar con él, pedirle que me hiciera un certificado de reconocimiento como mi padre.

El no tener el apellido de mi padre en mi certificado, no fue fácil de sobrellevar, porque la gente en ese tiempo siempre me preguntaba ¿cuál es el apellido de tu papá?, y me daba vergüenza dar explicaciones, ¡era un horrible estigma! El ser hija de madre soltera era vergonzoso y triste a la vez. Llevar el dolor de no tener el respaldo de un hombre mayor en tu vida que se pueda llamar "Padre", es vivir por la vida sin protección, te vuelve vulnerable para los depredadores. El padre es muy necesario en la vida de los hijos, les da seguridad, tranquilidad y certeza de que nada va a faltar en la vida de ellos, que todo va a estar bien. Da confianza, provisión y anima a vivir una vida tranquila. Pero ese no era mi caso.

Cuando llegamos al lugar donde estaba mi padre, fue un momento muy tenso, porque nunca antes lo había visto en mi vida, tal vez el esperaba recibir las mejores muestras de cariño de mi parte. Yo era una adolescente de 14 años, joven inexperta y sin haber tenido un encuentro anticipado con el hombre que según mi madre me había engendrado. Cuando lo llamaron, la señora que me acompañó, le contó quien era yo, y luego el me hablo diciéndome: "Yo Soy tu Padre, debes decirme Papi", me sonreí y lo saludé sin ningún interés de abrazarlo o decirle alguna palabra cariñosa. Luego nos llevó a su "cuarto" donde nos contó su triste situación. Él había entrado allí por causa de una deuda que no había podido pagar. Y cuando le hablé del motivo de mi visita, aludió a que no podía hacer nada, pues estaba ahí dentro de la penitenciaria recluido sin recursos económicos y dependiendo de la bondad de su madre y de su hermana. Me puse triste porque comprendí su realidad y supe que no podía hacer absolutamente nada de lo que yo le pedía.

Ese fue el momento cuando conocí a mi padre, fue triste, pero a la vez reconfortante poder conocer en persona a quien me había engendrado y saber de su propia vos que era mi padre. Aunque no me contó nada de los motivos por lo cual no se quedó con nosotros, me supongo cuales fueron. Hasta ahora pienso en este momento y es sin duda alguna el único recuerdo que tengo de aquel que pudo llamarse "Padre" en mi vida.

Al terminar mis estudios de bachiller en humanidades, recibí la noticia de que él (mi padre) había fallecido justo ese momento en el que estaba encaminándome hacia la ceremonia de graduación. No tuve otra oportunidad de verlo de nuevo, lo vi solo una vez en mi vida.

Así terminó esta historia, corta, pero de gran beneficio para mí, pues de ser una experiencia negativa, le saco un gran provecho. Lo usare para enseñar a los jóvenes a esperar en Dios, y en su voluntad para gozar de las relaciones sexuales en la completa realización y planificación de la vida. Antes de tener relaciones íntimas de tipo clandestino, donde no existe un compromiso verdadero, y donde el más afectado es el hijo/a que procrean. Dios los ayude a cuidarse, esperar en él, comprometerse y planificar bien los hijos que vendrán, para no traer niños que sufran todas las desavenencias de una familia uniparental.

Espero que esta historia le ayude a ser el mejor padre para sus hijos, que se comprometa a nunca faltarle con nada, a ser proveedor, protector y darle la seguridad de que ellos son el mayor tesoro que usted pueda tener. Y para los solteros y solteras, que se fijen bien y sepan esperar y planificar a sus hijos, que no les den riendas sueltas a sus deseos egoístas trayendo como consecuencia hijos que crecen sin apellido y sin un padre para cuidarlos y protegerlos. Dios los ayude a saber esperar el momento para disfrutar de las relaciones sexuales y esperar a tener un hogar formado donde puedan tener los hijos deseados.

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