viernes, 12 de febrero de 2016

En los zapatos del Pastor

Estar como pastora de una iglesia local a la cual visité por varias ocasiones, en mi rol de Coordinadora Femenil Nacional. En Diciembre del 2015 conociendo la necesidad de un pastor para la iglesia, me brinde para trabajar por un tiempo determinado. Y ya en Enero me fuí al lugar dejando a mis hijos adolescentes bajo el cuidado y la confianza en Dios, sabiendo que las enseñanzas y oportunidades que había propiciado previamente les serán de ayuda para lidiar con sus necesidades personales y administración de las finanzas. Este tiempo será una gran oportunidad para que ellos desarrollen sus habilidades personales en el área que ellos se sienten más capacitados para ayudar en la realización de los trabajos durante mi ausencia.

La experiencia que me brinda esta oportunidad,
es conocer y vivir en carne propia los sinsabores y amarguras que vive un líder en calidad de Pastor de una iglesia. Pero también puedo notar que no hay mayor honra que tener el privilegio de ser un siervo de Dios, entregado a ayudar a otros, a levantar sus vidas, llevarlos al arrepentimiento y perdón de sus pecados, hacia el conocimiento de la voluntad de Dios y la entrega total al servicio suyo.

El ser pastor o pastora nos abre puertas increíbles, para confrontar el pecado, ordenar el desarrollo del trabajo entre los líderes y es de gran bendición a la iglesia porque lleva a la iglesia hacia los propósitos de Dios.
Sin embargo noté que así como Moisés sufrió por el pueblo de Israel en varias ocasiones por la dureza de sus corazones, así también el pastor llora por su iglesia. Las personas que trabajan a nuestro lado muchas veces no han tenido la oportunidad de tener un crecimiento sólido e integral en la vida espiritual cristiana y las mas veces vemos dificultades y falencias en la forma de llevar y desarrollar roles. Muchos con liviandad, toman los cargos tan solo para presumir que son líderes, pero no tienen ningún compromiso con Dios y el desarrollos de sus cargos de manera cabal e íntegra. Hay otros que piensan que la manera de ganar méritos delante de los ojos de Dios y los otros lideres, es haciendo obras buenas, de esta manera quieren ganar méritos aquí en la tierra y con Dios. Sin embargo, a la luz de la Palabra aprendemos que lo más importante es la actitud de obediencia que demuestra un hombre o mujer que sirve al Señor. La obediencia es mejor que los sacrificios, 1 Samuel 15:22 "Es mejor obedecer a Dios antes que los sacrificios, mejor es prestar atención que ofrecerle la grasa de los carneros..." esto nos lleva a pensar que debemos ser obedientes a su mandato, esto nos lleva a ser humildes delante de Dios, aceptando su voluntad y haciendo lo que El nos manda hacer, sin vueltas, sin poner en duda ese mandato.

Como pastores, muchas veces nos dejamos llevar por nuestras emociones, que cuando menos pensamos ya tenemos en la cabeza el deseo de salir de la iglesia y huir de nuestra responsabilidad. A veces esta es tan fuerte, pero Dios se hace presente para demostrarnos que está a nuestro lado apoyándonos (aunque todos los demás estén en nuestra contra), si nuestra posición para realizar el orden y el cambio es en beneficio de la iglesia.

Dios es nuestro amparo, nuestra fortaleza, nuestro pronto auxilio y cuanto más dependemos de Él, nos lleva hacia lugares de reposo y descanso, Salmos 23. En resumen los sentimientos son momentáneos e inestables pero Dios es fiel para ayudarnos en las determinaciones que tomamos para servirle. Hermano, hermana, querido líder que está desanimado, no dependa de sus emociones para desistir, sino con más ahínco y entrega, realice con gozo el don que Dios le dio. El puso en sus manos una enorme responsabilidad, Él dice que no nos dejará solos, sino que siempre estará a nuestro lado. Josué 1:8. Estará con usted donde quiera que usted vaya. ¡Gloria sea a Dios!, ¡Bendito sea su nombre!

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